Joan Vinyoli (1914 – 1984) llegó a Begur en agosto de 1954 y repitió cada verano hasta 1978, junto a su familia y amigos.
Las estancias en Begur marcaron profundamente su poesía, escribió y corrigió buena parte de la obra editada posteriormente. Siempre llevaba una pequeña carpeta de gomas con poemas, cuartillas en blanco, postales, y apartado de la pandilla, en una de las mesas del bar Frigola, en Can Garreta de Aiguablava o en una mesa de Aiguafreda, escribía impregnándose del paisaje y los olores, hasta que de poco en poco. tertulia, mientras las mujeres tomaban el sol y las criaturas jugaban.
Desde el primer contacto, el poeta quedó deslumbrado por la belleza de Begur y sus calas. El imaginario begurenc, el mar fundido, el cielo, las noches, las constelaciones, el castillo de Begur y el del Montgrí, el botón de la rueda, las escaleras, la tramontana, los faros, el cabo Norfeu, las barcas y los cabrestantes, el ron, las islas, los campos de arroz, el pescado por el mar… están muy presentes en toda su obra y tienen un contenido simbólico que se va repitiendo en una especie de espiral poética, siempre enriqueciendo con nuevas experiencias.
Begur marca la época de su plenitud vital y poética, que culmina en los últimos años de su vida. Por eso Joan Vinyoli afirmará: «el lugar importante y definitivo como centro de mis experiencias de todo orden, poético y vital, fue Begur».
Los Vinyoli y sus amigos iban a menudo, era lugar de encuentro, cafés, aperitivos, veladas, sardanas y xerinola, que era una selección de bailes de moda.
Del poema de 1964 Sunt lacrimae rerum
Ahora soy una rata asustada que sale de la oscuridad
y corre a esconderse en cualquier agujero.
Pero cuando recuerdo a los amigos que han muerto,
irremisiblemente, los insustituibles,
me vuelvo un girasol que sube de un estercolero
y hace como uno que habla con empañada voz,
en una tarde cálida de verano,
ante la sonrisa de los muertos cercanos.
Ahora de repente la tenorar
resuena en Pals y contemplan las islas
y siempre digo, mirando la torre de las Horas:
Ante estas cosas es necesario llorar.
Pasa la tarde sobre los campos de arroz
del Empordà empapados de agua.
Es tarde, es hora de volver a Begur
en el autocar que nos dejará en la plaza.
Vamos al bar y tomemos el aperitivo con almejas
bien ensaladas con limón y pimienta.
— Todo es ahora y nada, 1970. —
Mirador inaugurado el 12 de septiembre de 2009, con motivo del homenaje en el 25 aniversario de su muerte.
Del poema de 1964 Sunt lacrimae rerum
Cae la noche, la noche fantasmagórica
del rey de Begur que señorea el castillo,
la noche de los faros y de las barcas al encendido,
del cielo altísimo estrellado.
Todo gira como en un parque de atracciones,
pero tú y yo vivimos en el botón de la rueda,
donde es imperceptible el movimiento.
— Todo es ahora y nada, 1970. —
Las escaleras forman parte de los símbolos recurrentes en la poesía de Joan Vinyoli, están a pocos pasos de cal Pallí, y ya aparecen en el poemario El Callat y también en Realidades, para significar la ascensión hacia un estado superior en la búsqueda de la unión mística y física, o en el zambullido en la interioridad más profunda del yo.
Del poema Domingo
Cuando ya por entre los pinos
fresa el mar del aire
y las copas están llenas
del hidromiel solar;
cuando estallan las rosas
y las flores de mediodía arden
en las terrazas vuela el agua.
Domingo, derecho a las escaleras,
en el rellano de un alto silencio
rico de los secretos de celdas y de pórticos,
mira por encima de los tejados
la lisa mar chispeando y sabe.
Después de mucha lucha, sólo después
del incesante combate entre la roca
y el fuego, madura y toma la llama.
Después de mucha lucha, sólo después,
puede la mirada llenarse y retener
calladamente. Y el grano madura en los campos.
— El Callado, 1956.—
Vinyoli solía venir los atardeceres para contemplar el panorama que recorre todo el litoral ampurdanés hasta el cabo Norfeu, las islas Medes, y buena parte de su interior: Pals, los arrozales, Sant Feliu de Boada, Peratallada, Torroella de Montgrí, el Montgrí y su castillo. La noche de San Lorenzo subían a la ermita para ver las estrellas fugaces o “lágrimas del santo”.
“Ayer noche, una noche ventosa (…) la vista desde San Ramón, con nubes en los términos cercanos y todas las cosas limpias, recortes, los colores bruñidos, cada verde, cada azul, cada amarillo precisos y un último fondo, pálido, donde fulgia como un diamante la estrella ve.
(carta a Francesc Gomà y Eulàlia Presas, verano de 1954)
Del poema Alguien me ha llamado
Yo no soy más que un árbol que se aleja del bosque,
Llamado por una voz de mar honda.
Solo, cerca del mar, he consagrado mis hojas a los vientos
de más allá de la orilla.
Ya mis raíces no saben hundir en la tierra y guardarme
y por el follaje pico soledad.
Por eso vago siempre
bajo el silencio de las constelaciones
de estas altas noches de fabulosa riqueza.
— El Callado, 1956.—
Joan Vinyoli se levantaba temprano para contemplar la salida del sol: “Más bien matineo y hago señales en el primer rayo de sol desde el castillo de Begur” (Postal en JV Foix). El botón de la rueda representa el centro en el que se encuentra la esencia del hombre. Josep Pla había señalado el castillo de Montgrí como el boto de la rueda del Empordà y Vinyoli se apropió de la imagen refiriéndose a los dos castillos, el de Montgrí y el de Begur. La circularidad oriental que el poema transmite es tan importante como la experiencia directa que está en el origen de la imagen, enriquecida por las lecturas de Frefrich Hölderlin, Martin Heidegger y T. S Eliot. La calle del Castell es escalonada, imagen de la ascensión espiritual.
Del poema Sacrificio
Palpo la piel de un buey acuchillado
sobre un peñasco altísimo contrariado por los vientos,
desamparado entre nubes.
Tengo las manos teñidas de rojo y púrpura.
Del subir y del bajar digo siempre una misma cosa,
y siempre repito lo mismo:
en el botón de la rueda
no hay movimiento.
— Círculos, 1979.—
Primera casa que alquiló la familia Vinyoli, y donde se alojaron hasta 1958. Es un caserón indiano de planta baja y dos pisos, techos muy altos, habitaciones espaciosas, y cocina y servicios muy rudimentarios. En la galería porticada de la planta baja hay una cisterna. La imagen de la cisterna aparece en algunos poemas en El Callat y en el Libro del amigo, para significar la potencia creadora que se recoge con los años, o bien que debe volver a llenarse una vez la cisterna está seca y vacía.
Del poema Epílogo
Quedémonos sentados en algún banco
de la plaza con acacias. Caen campanadas
por la noche. Va subiendo el tiempo.
Escribo en la pizarra transparente
del aire signos. He quemado un ramo
de hojas amarillas. Tengo que llenar de nuevo
la seca cisterna.
—Todo es ahora y nada, 1970.—
Joan Vinyoli, su familia y sus amigos pasaban por las noches escuchando música y asistían a las sesiones de cine. En septiembre de 1956 se celebraron algunos de los actos de la “semana de los sabios”, en los que participaron Lluís Pericot, Joan Guarro, Carlos Riba, Joan Petit, Josep Pedreira y el propio Vinyoli.
Del poema Postal a Salvador Clotas
Felices pocos
A los que el corazón nunca quiere morirse.
—Todo es ahora y nada, 1970.—
Ésta fue la segunda casa que la familia Vinyoli alquiló para pasar los veranos al matrimonio Guarro – Picart, que la había dividido en tres apartamentos, dos de los cuales alquilaban a los amigos. Joan Vinyoli y su familia veranearon en Begur desde 1954 hasta 1978.
Del poema El quemado
Soplan los claros y libres pensamientos
del alta mar hacia las limpias playas.
grandes peces azules querían asustado para caer de repente. Yo les paro redes
de palabras, y cuando el día habrá mermado
les llevaré cestas al mercado.
Claro de noche, con escamas de muelle,
Ensimismado, hechizaré las ondas.
Pedro Patchei, prepáranos un quemado:
Bebémoslo y cambiemos el curso de los astros.
Arenas de amor. Mar flojo. Palpo recuerdos.
Se acercan de puntillas mis muertes.
— A horas pequeñas, 1981.—
Joan Vinyoli y sus amigos frecuentaban este emblemático bar de la villa. A partir de la aparición de la recopilación Todo es ahora y nada le llamaban familiarmente el “Todo es ahora y nada”.
Del poema Todo es ahora y nada
Pregunto si no es
un gran consuelo decir la palabra “lluvias”
y hacer que llueva todo un largo
mañana de abril,
donde al abrigo de un ala de plomo preñada de tormenta
sube en espira el canto de un rebozuelo
afemillado, desde la hoja espesa
que rasga y llena de memorias
los rincones embollados de dalias.
¿Qué jardín? ¿Cuál estaba sola? ¿Qué pajares? ¿Qué riego?
El árbol ya seco se embebe de estas aguas
filtradas de los orígenes,
el follaje caduco reviene lleno de muchos ojos de abril
y el verdor sube compacto del ancestral subsuelo de piedra pómez.
Gritos que yo me invento, que nadie oye; los fallecidos fluyen hiperbólicos.
Todo es ahora y nada.
—Todo es ahora y nada, 1970. —